Amanecí

con el ánimo hasta el suelo y el alma perdida en tristes lugares, un trapo apachurrado se sentiría mejor; pero dos pares de ojos y un par de sonrisas me dijeron: “déjate de pendejadas y levántate que otro día nos espera” Así que, ni modo haciendo a un lado todos los pesares y tratando de rescatar mi alma me levanté y comencé con mi rutina diaria.

Menos mal que tengo a mis dos terremotos para recordarme que no se vale tirarse a la tristesa o a la depresión. Aunque no me vendría mal todo un día en cama durmiendo…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *