Casi sin complejos

Hoy que comienzo con mi etapa reptiliana y veo cómo se me despellejan los hombros, me he puesto a pensar en los pasados dos días que hemos estado cual iguanas expuestos a los inclementes rayos del sol. La verdad es que no es nada agradable para mi estar a pleno rayo del sol, aunque en estas ocasiones no se sentían mucho sus efectos porque estábamos a remojo en la alberca con olas y los juegos de Bugs Bunny; eso sí ni les platico cómo sentimos sus efectos por la noche al intentar dormir.

Lo primero que tuve que hacer fue ver si tenía traje de baño que ponerme, afortunadamente sí tenía, que no me gustara cómo me quedaban era otra cosa; así que me decidí por el que se me veía menos mal, preparamos todas las chivas y nos fuimos a nadar. Quitarme la ropa para quedarme en traje de baño me costó un poco, pero no mucho porque mis dos Terremotos se estaban escapando al agua, así que no tuve más remedio que quitarme la ropa y salir corriendo detrás de ellos a los juegos. Estuvimos jugando como una hora, tirándonos por los toboganes y procurando que no nos cayera el agua de los cubos que había en lo alto de las atracciones, básicamente porque el agua estaba helada, brrrrr!

Después de ese baño helado nos fuimos a la alberca con olas (muy pequeña si la comparo con la que hay en el Cici de Acapulco), pero con la grata sorpresa de que el agua estaba muy agradable, casi templada podríamos decir. Ahí nos la pasamos un buen rato jugando con los niños y saltando las olas. Viendo la cara de felicidad de mis hijos y lo bien que nos lo estábamos pasando los cuatro, decidí que aunque no me gusta cómo me veo en traje de baño me vale todo con tal de disfrutar la cara de felicidad de mi hijos mientras jugamos y nos la pasamos super. Sus caras lo valen.

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